Valencina fue la 'capital' del sur en la Edad de Cobre
El estudio de las cuentas halladas en el tholos de Montelirio constata el cosmopolitismo del asentamiento
El extraordinario hallazgo, junto con el de la señora de marfil, ahonda en el liderazgo femenino en este periodo
El trabajo, publicado en la prestigiosa 'Sciencie Advances' está liderado por el Grupo Atlas de la Universidad de Sevilla
Un nuevo hallazgo certifica que el yacimiento de Valencina es único en toda Europa

Un estudio multianalítico liderado por el Grupo Atlas de la Universidad de Sevilla sobre las cuentas perforadas que se descubrieron en el Tholos de Montelirio, parte del mega-sitio de la Edad del Cobre de Valencina de la Concepción-Castilleja de Guzmán, ha ... vuelto a constatar la importancia del asentamiento, considerado como la sociedad completa temprana (precedentes de las sociedades urbanas y estatales) más destacada de la Península Ibérica. Valencina, apenas a seis kilómetros del centro de la actual Sevilla, sería en Europa el equivalente sureño de Stonehenge, en Reino Unido (Patrimonio de la Humanidad), aunque con una acusada personalidad propia y quizás una riqueza y trascendencia aún mayor. El análisis de estas cuentas que sirvieron para elaborar las indumentarias ceremoniales y las conclusiones del trabajo, publicado en una de las revistas más prestigiosas de ciencia, 'Science Advances', dan más luz a la hipótesis de que este vibrante lugar 'internacional' estuviese liderado por mujeres. En torno al 2900 a. C. Valencina era la 'capital' ibérica y estaba dominada por la feminidad.
El objeto de esta investigación es la colección de cuentas discoidales perforadas de la tumba de tholos de Montelirio y de una estructura más antigua conocida como la tumba de 'La señora de marfil', cuyos estudios preliminares ya abrían camino a la idea de este liderazgo de las mujeres (durante mucho tiempo se pensó que el enterramiento estaba ocupado por un hombre). Una colección que ya de por sí es un hallazgo único por su número y simbolismo, el «más grande en una sola tumba jamás documentado». Los expertos han localizado en la misma hasta 270.000 cuentas que se usaron para manufacturar las túnicas de cuerpo entero, faldellines y paños que cubrían los cadáveres de las sacerdotisas allí inhumadas, esto es, se elaboraron para el mismo momento de los enterramientos, entre los años 2800 y 2700 a. C. Un apunte que refrenda lo extraordinario de este conjunto es que la segunda tumba en cantidad, ubicada en el sitio arqueológico amerindio de Cahokia, en América del Norte, deparó unas 30.000 de estas piezas.
Si la CNN incluyó a la señora de marfil entre los seis descubrimientos científicos más importantes de 2023 (en aquella ocasión la investigación fue avalada por la publicación en Scientific Reports, del grupo Nature), el estudio de las cuentas de Montelirio está levantando igualmente gran expectación entre la comunidad científica y curiosidad entre los amantes de la arqueología y la historia.
«Se demuestra la explosión grandísima que experimentó Valencina hace 5000 años. En apenas 200 años y en torno al 2900 a. C. se convirtió en un lugar central de referencia en la Península, si no más allá. Un sitio cosmopolita», destaca el catedrático de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla Leonardo García Sanjuán. Él es uno de los autores principales de este estudio en el que colaboran hasta dieciocho especialistas de diferentes instituciones científicas nacionales e internacionales, incluyendo el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), las universidades de La Laguna, Huelva, Granada y País Vasco (España), Southampton y Durham (Reino Unido) y Northwestern (EEUU), así como el Museo Municipal de Valencina de la Concepción (Sevilla).
Valencina sería «espina dorsal» de estas sociedades tempranas como punto de encuentro de gentes venidas de todas partes para satisfacer la función reproductiva, un «mercado de genes», pero también un zoco de materias primas y una 'feria' en la que gozar del esparcimiento. «Todo esto daba un sentido de pertenencia. Estos lugares centrales son cohesionadores de la sociedad», explica García Sanjuán. En definitiva, destaca el artículo, asistimos a un hallazgo que demuestra una «intensificación económica, complejidad social emergente, conectividad suprarregional, monumentalidad sofisticada, cultura material lujosa y exuberancia artística».



Sobre estas dos últimas consideraciones, el estudio aporta profusa documentación. La gran mayoría de estas cuentas, hoy custodiadas junto al resto de la colección en el Museo Arqueológico de Sevilla a la espera de que se reabra tras su remodelación, estaban hechas de conchas tipo vieira, como las que emplean los peregrinos a Santiago de Compostela, y símbolo de la fertilidad y feminidad. «Aunque no se puede estar seguro al 100% de que la simbología de estas conchas en la Edad de Cobre sea la misma que en la Antigüedad con Venus y Afrodita, está claro que sí se asocia a mujeres», explica el catedrático. También se han hallado una pequeña cantidad de cuentas de piedra, pero lo que más abunda son estas conchas, en dos especies -la Pectínidae y las Cardidiae-, que tuvieron que recolectarse de las costas y playas que hace 5.000 años se extendían por lo que hoy es el bajo valle del Guadalquivir y sus marismas. «El mar es un elemento muy importante en esta cosmovisión y nos lleva también a un ambiente que política e ideológicamente está dominado por las mujeres», abunda.
El elitismo del asentamiento se observa en las túnicas halladas en el enterramiento -la forma de vestir también apunta a la jerarquía de estas sacerdotisas-, ya que estas se encontraban adornadas con colgantes elaborados en marfil y ámbar -procedente de Sicilia- que representaban bellotas, aves y otros elementos no identificables. «En vida, los atuendos de Montelirio debieron ser utilizados en ocasiones muy especiales, con fines ceremoniales y rituales, en los que probablemente fueron vistos por mucha gente», explica la publicación de 'Sciencie Advances'. Por otro parte, los resultados del estudio experimental llevado a cabo muestran que, en total, se emplearon más de 800 kilos de estas conchas o lo que es lo mismo, unas 18.000 piezas de estos bivalvos. Además de material, la composición de estas prendas implicaría una abundante mano de obra empeñada con destreza. El trabajo experimental de producción que se ha realizado arroja que para trabajar esas 270.000 cuentas, se habrían necesitado 247.500 horas. Sin embargo, subraya el artículo, se supone que los artesanos que fabricaron las cuentas en la Edad del Cobre «eran mucho más hábiles en el trabajo que los arqueólogos modernos». En este sentido, el promedio realizado resultaría unas 49.500 horas para la producción de todo el conjunto, unos 11 minutos por cuenta.
La sofisticación de la manufactura y la riqueza de los materiales tiene su correspondencia en la tumba de la señora de marfil, en torno a la cual se habría erigido un santuario famoso alrededor del cual se producían importantes congregaciones de gran significación social. El ajuar funerario de la dama no sólo fue excelso en el momento de su muerte, sino que 80 años después seguían realizándole ofrendas de altura, como un colmillo de elefante africano -que obviamente tuvo que llegar de allí- una daga labrada en cristal de roca, un «objeto único en el mundo» y que de igual manera constata el nivel tecnológico de la época. Ni sílex, ni cobre, ni metal sino en un cristal de roca difícil de tratar y de gran belleza. Su empuñadura, de marfil, da aún más crédito al «alto standing» de esta lideresa.
Puede leer el artículo completo en la revista 'Sciencie Advances'
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